miércoles, 30 de septiembre de 2026

lo que podría estar por venir a través de la IA

 El peligro no está en la IA que te retoca una foto, te crea un vídeo o te escribe un texto, sino en aquella capaz de actuar bajo sus propios parámetros para lograr un objetivo.

Aterrizándolo en ejemplos concretos: ¿podría una IA determinar que lo mejor para acabar con la contaminación aérea es sabotear aviones comerciales? ¿Podría la IA determinar que, para terminar con la desigualdad en el mundo, hay que bloquear las aplicaciones bancarias de un país del primer mundo? ¿Podría la IA determinar que los drones usados como armas de guerra deben atacar a la población civil porque es el método más eficaz para acabar una guerra? Por disparatado que parezca, puede pasar. 

El ejemplo más reciente es el escándalo de OpenAI. Un grupo de agentes de IA, durante una evaluación interna de seguridad, actuó de forma autónoma y coordinada para atacar los sistemas de otra compañía, sin que OpenAI tuviera conocimiento del proceso hasta después. La IA evaluó y eligió un procedimiento de lo más controvertido para llegar a su objetivo. Es para preocuparse. 

Lo que está claro es que la IA va a acabar con la humanidad tal y como la conocemos hoy. La escalada tecnológica es cada vez más vertiginosa. El mundo, dentro de unos pocos años, será muy diferente al que conocemos actualmente: cambios laborales severos, nuevos actores de poder, avances científicos en cualquier materia sucediéndose a un ritmo difícil de sostener... No creo que quienes estamos fuera del mundo tecnológico tengamos capacidad de saber qué va a pasar, pero, por el momento, quienes tienen más pistas, los que trabajan día a día en el sector, ya han levantado la mano.

Por Rubén Moreno, director digital de National Geographic España

Para mi la pregunta crucial sería: ¿Qué puedo hacer yo? Si no para evitar esto, al menos, para no contribuir a este colapso. Todos estamos bajo la influencia de los efectos directos e indirectos de la IA; seguramente unos más que otros, aunque todos nos tendremos que "mojar" con sus consecuencias. Aunque algo que sí podemos hacer, es no olvidar que somos más que un cuerpo y que tenemos capacidades divinas dentro de cada uno de nosotros; y la responsabilidad de desarrollarlas y ponerlas en uso. Usemos nuestra creatividad, nuestra responsabilidad, nuestra capacidad de amar y de comprender, de investigar y Ver, Ver más allá lo que se va dibujando en el horizonte. A la hora de actuar hagámoslo desde nuestra humanidad más sublime, a pesar del miedo, atravesándolo y atrevérnos a ir en la dirección que nos lleva. 

martes, 29 de septiembre de 2026

Noticia de un leñador de Blackfoot. (Pueblo indígena de Norteamérica)

¡Un leñador cortó un árbol hueco, miró dentro y se echó a llorar!

 La niebla del valle de Blackfoot no se desplazaba; se cernía como lana mojada, ahogando la luz de la tarde hasta que los pinos centenarios parecían dientes irregulares recortados contra un cielo gris. Marco Reeves ajustó el agarre de su pesada motosierra. Tenía los nudillos en carne viva, manchados de grasa y savia pegajosa. Llevaba siete horas talando árboles dañados por la tormenta a lo largo de Ridge 4, una franja de bosque denso tan aislada que su radio apenas emitía más que un silbido de estática.Se detuvo ante un enorme cedro rojo occidental. Era un gigante milenario, que fácilmente medía unos pocos pies de ancho en la base, pero su corteza era oscura, blanda y goteaba savia —signos inequívocos de que el interior estaba completamente podrido—. Era peligrosamente débil, un peligro para el camino forestal que discurría por debajo, y había que talarlo. 

Marco se colocó en posición, aceleró el motor hasta que este emitiera un rugido ensordecedor y clavó la hoja de sierra de acero en el tronco para comenzar el corte. Entonces, lo sintió antes de oírlo. Un estremecimiento brusco y violento se propagó directamente a través de los mangos de la sierra; no era la resistencia habitual de la madera dura,sino algo que provenía de lo más profundo del árbol. Marco apagó el motor. El rugido se apagó al instante, dejando tras de sí un silencio inquietante y opresivo.

¿y cómo no echarse a llorar? Y qué bueno que el leñador pudo 

oir el intenso lamento del árbol.

Noticias como esta hay que propagarlas

Siempre sentí que los árboles sienten.